Por: Ana Delia Fernández Siijono.
Originaria Wayuu de la Alta Guajira-Wuinpumuin
Manuel Palmar Pushaina; maestro del arte
del tapiz wayuu. Un gran artista que enaltece, fortalece y pone a evolucionar
la cultura wayuu a través de su creatividad.
Nojotsu jimatuin tu akua’ipaka. Wat’takuwotsu juna’in wara’ita natuma na
kuyamalikana juna’in e’iyata ja’anasianka ot’ta juwashiruinka tu akua’ipaka jupa’apuna mmapakalú
(La cultura no son tradiciones estáticas,
es un proceso dinámico, una acción permanente que el artista pone a brotar y a evolucionar
ante el mundo).
La creatividad ha sido clave para la evolución de
la cultura y la humanidad. La cultura es un tejido vivo que
late, respira, y evoluciona a través de la creatividad individual. Es un
proceso dinámico que evoluciona a medida que el artista deja brotar su
creatividad. El creador ajusta su entorno a sus necesidades. Crea nuevas formas
de vida para la colectividad. Va introduciendo sus nuevas propuestas, narrativas,
formas de expresión, ideas, nuevas formas de resolver problemas, su arte, y nuevas
técnicas. El creador no se estanca, ni se limita a ser receptor pasivo; se reinventa constantemente para salvaguardar la
esencia de la cultura. Potencia la cultura, presenta su nueva propuesta
creativa en la busca de poder alcanzar un alto nivel de receptividad social para
ser parte del tejido cultural.
Una de las primeras expresiones significativas de
la evolución de la cultura a través de la creatividad individual se encuentra
en el universo de textiles en fibras naturales y vegetales, los cuales formaron
parte de la evolución de la humanidad. Constituye
el espíritu de la tradición ancestral de los pueblos milenarios, y del pueblo
wayuu. Los pueblos originarios siempre han aprovechado por excelencia la conexión
que tienen con wo’ümma’in (nuestra madre
naturaleza); tomando parte de los elementos de su entorno para poner en práctica
su creatividad. Así fueron creando piezas para su subsistencia, para vestirse y
resguardarse.
La relación del pueblo wayuu con la naturaleza es
milenaria. Los wayuu son la extensión de la madre naturaleza humanizada. Las
plantas en la cosmovisión de los pueblos originarios, y del pueblo wayuu, representa
un ser vivo que posee su propio Aseyuu
(espíritu o espíritu protector) como los humanos. Al aseyuu de las plantas se
les solicita permiso para extraer sus partes (hojas, raíces, tallo), para uso
medicinal, baños de restauración o fortalecimiento espiritual, o para uso de
sus fibras en la tejeduría.
La fibra natural y el origen del tejido wayuu
Este pueblo originario no solo encontró en las
plantas remedios para su sanación física y espiritual. También encontraron en las
plantas una oportunidad para extraer sus fibras naturales y vegetales. Los
wayuu aprendieron a procesar las fibras convirtiéndola en hilos para iniciar
sus primeros tejidos a través de diferentes técnicas que le fueron dando forma,
textura y cuerpo a cada pieza que iban creando. Elaboraron sus propias
indumentarias, hamacas, mochilas, sombreros, entre otros.
Entre las
fibras que los wayuu utilizaron se encuentra:
el Mawui (algodón silvestre), Makui
(Maguey), Aipia (Trupillo o
Cuji), mawisa o isii (palmas con que elaboran los sombreros wayuu). El tejido
representa un acto espiritual y sagrado para los pueblos milenarios; a través
de la tejeduría también aprendieron a conectarse con el mundo espiritual de las
plantas. Rinden homenaje a sus antepasados a través de sus tejidos. Tejen el
pensamiento
Indumentaria
Primigenia wayuu
La primera indumentaria ancestral de la mujer y
el hombre wayuu era hecha con fibras vegetales; Mawui (fibras de algodón silvestre). El cultivo del algodón se
proporcionaba en tierras fértiles como el sur de la Guajira. El algodón también
se cultivó en la Alta Guajira Wuinpumuin;
Makuira.
Las mujeres comenzaron a tejer suaves piezas para
cubrir sus partes íntimas. También elaboraban piezas para cubrir las partes íntimas
del hombre conocido como el Si’ira. Las
mujeres mantenían sus senos descubiertos ya que para esa época su estilo de
vida era adaptado a la temperatura cálida de la Guajira. El hombre wayuu
también mantenía su pecho al descubierto.
Del intercambio colonial a la evolución de
las indumentarias
La transformación del uso de prendas de
vestir elaboradas con fibras naturales a prendas creadas con elementos
industriales marcó un antes y un después en el uso de las indumentarias wayuu.
La transformación comenzó con la llegada de los españoles a las tierras de Abya
Yala (Conocido hoy como América). Los holandeses e ingleses comenzaron a
intercambiar alimentos, armas, telas e hilos industriales por ganados. En ese
intercambio comenzó a llegar las primeras telas que marcaría el inicio de la
evolución de las indumentarias wayuu. Las telas y los hilos industriales
provenientes de Europa y del comercio holandés le permitió a los wayuu dar un
giro impresionante en el mundo de la confección de sus propios trajes
tradicionales.
Las
mujeres a medida que fueron adquiriendo los elementos industriales comenzaron a
crear nuevas indumentarias; las wayuushein
conocida como las mantas wayuu, los sheinpala (indumentaria masculina).
También se comenzó a confeccionar indumentarias para las niñas; el Punaa (Es una blusa tejida en telar vertical
a través de las técnicas del tejido del chinchorro patu’uwashi, kayulainsu). El traje del niño el si’ira, también se comenzó a elaborar en telar vertical con la
técnica del a’anushi (tejido
Paleteado),
Representación
de la evolución de las indumentarias wayuu: De la indumentaria ancestral a la
indumentaria tradicional.
La primera manta
wayuu se comenzó a confeccionar en telas estampadas muy coloridas. Con el
tiempo elaboraron mantas en telas unicolor, con bordados a mano y tapizados con
los diseños propios. Hoy el pueblo wayuu cuenta con una variedad de mantas
trabajadas en diferentes técnicas; bordadas a mano, tapizadas (alto relieve
trabajadas en telar), tejidas, trabajadas en telar vertical, mantas con las
técnicas del chinchorro Patu’uwashi (Doble faz, reversible), kayunainshi. Mantas
de bodas y de fiesta en hermosas pedrería y aplicaciones. Las wayuushein se ha
convertido en un gran símbolo de la cultura wayuu. Hoy las mujeres
wayuu lucen una de las indumentarias más hermosas, exclusivas y elegante de
Colombia, Venezuela y el mundo. La manta
no es una moda, es un pensamiento milenario en tejidos que busca garantizar su
permanencia en la humanidad.
La
creatividad potencia la cultura
Una cultura se
fortalece si la nueva expresión que presenta el artista es concebida desde la
esencia cultural. La identidad no se pierde por los cambios. Las nuevas formas de expresión,
ideas, propuestas, nuevas formas de resolver los problemas, y las nuevas
creaciones artísticas, es lo que impide
que las culturas queden estancadas. El creador es un salvaguarda de la memoria,
la tradición, la cultura. Los creadores son guardianes de la identidad. La
llegada de los materiales industriales al territorio wayuu no debilitó la
cultura y la identidad wayuu, sino que la potenció introduciendo nuevas
narrativas. Una nueva narrativa que le incorporó el creador y que
fortaleció a la cultura wayuu fue la
incorporación de nuevas indumentarias. El creador cuidó la esencia wayuu,
imprimió identidad en cada creación, en cada pieza. Le incorporó nuevas
técnicas a la tejeduría wayuu, le imprimió color. Por todo ello, la cultura es
considerada la suma del potencial creativo del individuo. Sin la creatividad
individual las culturas se quedan estancadas, no evolucionan.










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